Por las Tablas de Daimiel

Observaciones en el Parque Nacional

Tablas de Daimiel
Lugar: Parque Nacional Tablas de Daimiel (Ciudad Real)
Fecha: diciembre 2024

Una idea clara

Tenía las grullas metidas en la cabeza. No daba visto una, entre otras cosas porque no frecuento su hábitat ni en invierno ni, mucho menos, en época de reproducción. Durante el verano sus colonias de cría se sitúan en el norte de Europa, por lo que no se observan el Península Ibérica más que escasos ejemplares. En invierno, los mayores grupos se encuentran en Extremadura, Castilla La Mancha y Aragón, entre octubre y febrero (ver SEO).

Así que, como ellas, tocaba viajar. Destino: un lugar de La Mancha Húmeda, el más representativo, el Parque Nacional Tablas de Daimiel. Tres días, dos para viajar y hacer 1800 km y uno para visitar las lagunas. Estamos en diciembre y los adornos de Navidad inundan Daimiel. No madrugamos mucho. Desde el hotel se observa mucha niebla y aunque la temperatura no es demasiado baja, unos 4º C, parece que la visibilidad no aconseja ir demasiado pronto.

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Itinerario en el Parque Nacional

Sobre las 09:30 estamos en el aparcamiento. El centro de interpretación está cerrado por obras. Ya hay muchos coches, unos veinte. Nos abrigamos y preparamos prismáticos y cámara. Como tenemos intención de recorrer todo lo posible evitamos cargar con el telescopio (a ver si no nos arrepentimos...). En vista de la gente cambiamos un poco el itinerario previsto, sin seguir ninguno de los marcados en orden (amarillo, azul o rojo).

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Tras leer algo de información en el edificio de recepción, seguimos el itinerario rojo por las pistas de tierra habilitadas. Al ver lo seco que está el tramo sur, el del río Guadiana, giramos a la derecha hacia el itinerario amarillo y las pasarelas sobre el agua. Ya nos ponemos en modo máxima atención. Una pareja que va delante se para con su tremendo objetivo fotográfico apuntando a la orilla. Yo apunto mis prismáticos: cerceta pardilla, un grupito descansando. ¡Para mi es un bimbo! Junto a ellas se escurre un rascón. Esto se anima.

En las lagunillas con más agua, las que cruzan las pasarelas y con observatorios de madera, hay un buen número del ave emblema del parque, el pato colorado. Junto a él, buenas cantidades de focha común, zampullín chico o pato cuchara, más habituales para mi. Paramos un momento para identificar porrón pardo.

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Nos desviamos en sentido contrario al de la gente para pasar en solitario por el bosque de tarayes. Tarabilla común europea, mosquitero común, carboneros... Subimos al observatorio elevado de la isla del Pan. Un grupo organizado escucha la charla de un técnico. Les explica el origen de las tablas y su significado ecológico con el apoyo del panel que tiene detrás. Pone mucho entusiasmo dentro de la seriedad, especialmente cuando habla del deterioro. Efectivamente, la sobreexplotación del acuífero 23 desde hace 50 años, pero sobre todo en las dos últimas décadas, ha dejado este espacio natural en una sombra de lo que era. Les explica lo que es el Tablazo, la zona de mayor superficie del Parque Nacional y que desde hace ya varios años permanece seca (información aquí). 

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No formamos parte del grupo, así que somos discretos y seguimos camino. Las oímos. Las vemos. Sobrevolando la isla del Pan aparece mi primer bando de grullas. Tanto para el grupo guiado como para otros visitantes parece no tener importancia. Para mi es especial: ¡que son grullas! Son mi objetivo. Unas fotos de este bando y desaparecen hacia el sureste... ya vendrán más. Al fondo una abubilla. Sumamos algunas especies más: gallineta, cormorán grande, cerceta común, porrón moñudo.

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Seguimos y cruzamos la isla del Descanso y de la Entradilla. En las pasarelas hay que pasar de lado al cruzarse con la gente (me recuerda una secuencia de la película "El gran año"). Muchos visitantes parece que sólo quiere hacerse la foto y el selfie, por lo que me siento un poco raro. ¿De verdad que no se paran a ver las aves? No, no son aficionados: chaquetones de piel, zapatos de urbanitas, bolsos, charla en voz alta... Vienen a dar un paseo. Tienen todo su derecho, pero ¡me parece tan desaprovechado!

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Llego a la laguna de aclimatación. Se trata de un espacio cerrado, un jaulón cubierto por redes en los que se pueden observar muchas de las especies representativas y desde muy cerca. Uno de los observatorios está cerrado. Resultado: todo el mundo se agolpa en el otro. Parece más un parque o un zoo, con las familias gritando "mira, ahí viene un pato", "allí otro, con el pico muy raro, como una espátula". A mi derecha, apartados, una pareja se afana con sus telescopios en otra conversación que me gusta más: "¿has visto la cerceta carretona, a la izquierda?", "ahí está la hembra de porrón común". Al rato estamos hablando de lo que podemos ver, de las especies que llevamos, de otros humedales. Esto ya me gusta más. Finalmente, durante cinco minutos, me quedo solo.

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Al salir tengo ganas de escapar de los "no pajareros" así que me dirijo hacia la torre de Prado Ancho, el itinerario azul. Durante casi media hora soy el único caminante. Esto es el Tablazo, totalmente seco, los observatorios inútiles. El camino da para pensar lo que ha pasado. Me centro en los campos de alrededor: cistícola buitrón, estorninos, escribano triguero, tarabilla, jilguero. Un bando de avefrías, muy a lo lejos, se posa para alimentarse.

Comienzan a pasar nuevos bandos de grullas, algunos muy numerosos, que me hacen detenerme cada poco. Sus graznidos son inconfundibles. Al otro lado del "humedal", al pie de un pequeño bosque se observan las siluetas de las grullas alimentándose. Llego a la torre. Subo y echo un vistazo a lo que no hay. Sólo me queda el paso de las grullas.

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Regreso con calma y decido dar una segunda vuelta a las lagunillas e islas, aunque sé que me espera una avenida de paseantes que gritan y se quejan de la arenilla de los caminos. Voy con calma y puedo sumar más especies: me faltaban ánsares comunes, ánades frisos y cigüeñas blancas. Para terminar, después de más de cuatro horas, decido parar para buscar un geocaching. Con las grullas pasando por encima, no puede haber mejor final.

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Se acabó

Si no cuento mal, y sin haber sido exhaustivo, me llevo anotadas 24 especies de aves, 4 de ellas nuevas (por lo menos de los últimos años). Esperaba más, pero pensándolo con calma, ¡ha estado genial y ha valido la pena!

El aparcamiento está casi vacío (es la hora de comer) y aún me queda tiempo. Veamos que tal se da la cercana laguna de Navaseca (adelanto: va a ser un descubrimiento).

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